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No es sorpresa que el aprendizaje de idiomas se ha convertido en un tema de relevancia internacional debido a la globalización y los avances diplomáticos entre naciones de diferentes continentes. 

Aquellas personas que desean montarse en este tren de la internacionalización y aumentar sus probabilidades de éxito profesional, normalmente optan por aprender inglés. Aún con esfuerzos titánicos a través de los años, la mayoría de los estudiantes no logran el objetivo de conversar este idioma de forma fluida. Esto ha sido causa de frustración de muchas personas que incluso cuando finalizan un programa o curso formal aún prevalece la famosa frase «Yo entiendo el inglés, pero no lo hablo» 

Para entender el porqué de este suceso, podemos apoyarnos de lo que conocemos sobre la adquisición de conocimientos en el cerebro humano gracias a las neurociencias. Las neurociencias se ocupan de estudiar la estructura y la organización funcional del sistema nervioso especialmente el órgano más complejo del universo, nuestro cerebro. 

Es sorprendente pensar que la máquina más potente, compleja, sofisticada y que ha logrado fascinar a grandes científicos alrededor del mundo, se encuentra en la cabeza de cada uno de nosotros ocupando tan solo un 2% del peso total del cuerpo humano.

La forma de ser de una persona, sus recuerdos, sueños y miedos se encuentran formados por unos cien mil millones de células en el cerebro llamadas neuronas cuya función principal es recibir y transmitir información. 

Estas células hacen conexión con otras neuronas y transmiten la información a través de cargas eléctricas a una velocidad de 300 km/h. Cada una de estas neuronas pueden conectarse con otras 10,000 hasta formar una gran red neuronal de trillones de conexiones. Estas redes son las encargadas de construir el conocimiento en tu cerebro. Y cuando estas se unen, el aprendizaje se hace posible. 

La neuroplasticidad cerebral es conocida como la capacidad que permite adaptarse y cambiar el resultado de la conducta y la cognición. Esta permite a las neuronas regenerarse, formar nuevas conexiones y modificar la estructura neuronal del cerebro durante todo el transcurso de nuestras vidas. 

La neuroplasticidad cerebral nos enseña que cuando se usa un conocimiento, las redes neuronales se fortalecen y cuando no se usa, se debilitan. En otras palabras, cuando se fortalecen se puede recordar y usar mejor lo que se ha aprendido y cuando se debilitan se va olvidando. 


Podemos imaginarnos que estas redes son como un nudo en los cordones de un zapato: si lo aprietas bien, por más que camines no se van a desatar, pero si el nudo está débil, hay mucha probabilidad que se desate. Mientras más se practica un idioma, más fuertes estarán las redes neuronales, lo que se aprende será recordado por mayor tiempo y se podrá entonces usarlo en una conversación de forma espontánea. 

Mientras menos se practique, más se debilitan esas redes neuronales, más rápido se irá olvidando y se tendrá que pensar más para encontrar la palabra en la mente, haciendo que no se pueda hablar de forma fluida. 

Esto no tiene que ver con la edad, en caso de que usted querido lector, esté pensando que por su edad no puede aprender otro idioma. Anteriormente se pensaba que el cerebro era un órgano estático, que una vez la persona alcanzaba la edad adulta, perdía la capacidad de crear conexiones neuronales pero las neurociencias han demostrado lo contrario. 

El cerebro nunca pierde la capacidad de crear conexiones neuronales, en otras palabras, nunca deja de aprender. Así que la ciencia ya nos mostró que cualquier cerebro adulto sano tiene la capacidad de aprender otro idioma. 

Debido a la cantidad de repeticiones requeridas y la práctica constante para consolidar el aprendizaje, aprender un idioma obligatoriamente conlleva tiempo y este va a depender de qué tan rápido se apriete el nudo. 

Habiendo dicho esto, se entiende por qué tantas personas no logran poder comunicarse como esperan. El estudiante de idiomas tradicional no practica lo suficiente para lograr la consolidación del aprendizaje. En la mayoría de los casos, el estudiante normalmente tiene contacto con el idioma solo en la clase y se pasa los demás días de la semana sin practicar, conllevando a que sus redes neuronales no estén lo suficientemente fortalecidas para usar el conocimiento de forma espontánea en una conversación. 

La poca frecuencia de práctica hace que, por más tiempo que pasen los estudiantes asistiendo a clases, no consoliden los conceptos aprendidos lo suficiente para usarlos en una conversación. 

Por otro lado, en muchas ocasiones el sistema tradicional de enseñanza tampoco favorece a la solución del problema. Es común que en clases de idiomas se encuentren grandes grupos de estudiantes de hasta 30-40 personas y es lógico que el maestro no tenga suficiente tiempo para dedicarle a la práctica comunicativa de cada estudiante en particular. Por otro lado, Las clases son normalmente expositivas y no se enfocan en que el estudiante converse, sino en escuchar.

Hay factores psicológicos que también influyen en la falta de práctica en las personas como la vergüenza de lo que dirán las personas. Diría que este es el enemigo no.1 de un estudiante de idiomas adulto. Si se tiene vergüenza, no se habla, no se practica, no se fortalecen tus redes neuronales por lo que no se puede utilizar el conocimiento en una conversación. 

Otros cuando estudian solo se enfocan en leer el libro o estudiar la gramática y pasan por alto que conversar es la forma más efectiva de practicar un idioma. 

Podríamos entonces concluir que la razón por la cual una persona entiende un idioma, pero no puede hablarlo es entonces por la falta de práctica que conlleva a una debilitación constante de sus redes neuronales y a la incapacidad de usar el conocimiento de forma automática cuando se necesita en una conversación. 

La comunicación constante siempre será la mejor acción que puede hacer un estudiante de idiomas y esta va a potencializar esa nueva autopista neuronal que se irá creando en el cerebro para que posteriormente se consolide el aprendizaje y se pueda usar lo que se aprende de forma natural en una conversación hasta alcanzar la fluidez. 

El que quiera aprender otro idioma debe estar dispuesto a practicar (conversando) todos los días por lo menos de 30-40 minutos diarios y entender que para hablar con fluidez no se puede sencillamente «estudiar de vez en cuando». 

En mi libro «Potenciación Neuronal: la ciencia de aprender idiomas» (Link Amazon). explico con detalle cuales son los pasos que un estudiante debe hacer para aprender y fortalecer sus redes neuronales en tiempo récord.  

Nada que valga la pena en la vida se logra en poco tiempo y aprender un idioma no es la excepción así que use el idioma de forma activa, converse lo más que pueda, conviértase en el capitán de su destino y logre de una vez por todas esta meta tan importante en su vida. 

Rickelvis Valerio Jiménez
Coach neurolingüístico
Autor «Potenciación Neuronal: La ciencia de aprender idiomas»
www.rickelvisvalerio.com


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